El Colegio Alemán de Santiago ha sido, por generaciones, un espacio de aprendizaje y de amistades que perduran en el tiempo. Hace algunos días, exalumnos de distintas generaciones se reunieron para revivir momentos inolvidables en la antigua sede de Antonio Varas 666, Providencia, donde estudiaron hasta 1988.
Los pasillos, las salas de clases y el patio de ese establecimiento fueron testigos de innumerables historias y anécdotas que marcaron sus vidas. Aunque el edificio ha cambiado y hoy alberga una sede de DUOC UC, los recuerdos siguen intactos en la memoria de quienes alguna vez caminaron por estos espacios.

“Es muy emocionante estar de vuelta después de 45 años. Había pasado muchas veces por fuera, pero no entraba, porque ahora funciona aquí otra institución. Ahora me doy cuenta que donde estaba la cancha de basquetbol ahora hay un gran edificio. El gimnasio también es distinto, pero sigue habiendo muchas cosas que nos recuerdan todo lo que vivimos aquí hace tanto tiempo”, señala Erwin Plett, presidente de la comunidad de exalumnos del Colegio Alemán de Santiago.

La sede de Antonio Varas, inaugurada en 1949, fue un hito en la educación alemana en Chile. Su arquitectura reflejaba el espíritu de la comunidad escolar, con amplios espacios diseñados para fomentar el aprendizaje y la convivencia. Durante décadas, fue el hogar de generaciones de jóvenes que recibieron una formación basada en la excelencia académica y el intercambio cultural.
“El espíritu del Colegio Alemán une y esta infraestructura fue parte muy importante de nuestra vida e historia. Agradezco mucho a DUOC por darnos esta oportunidad y ojalá estas visitas se repitan, porque nosotros somos una muestra ínfima de todos los estudiantes que pasamos por aquí”, señala Alejandro Latorre, quien participó del recorrido acompañado de su madre, también ex alumna, egresada el año 1952.
Ella -dice- tiene hermosos recuerdos de su vida escolar. De hecho, sigue en contacto permanente con sus amigas de ese entonces. “Somos ocho compañeras las que nos juntamos una vez al mes a almorzar en el Club Manquehue. Ellas no vinieron ahora, pero estuvieron aquí en una ocasión anterior. Esto creció mucho. Está muy cambiado”, señala Erika Lufer.

En 1990, el colegio se trasladó a su actual ubicación en Nuestra Señora del Rosario, Las Condes, marcando el fin de una era para la sede de Antonio Varas. Sin embargo, su legado sigue vivo en la memoria de quienes pasaron por sus aulas. La nostalgia y la alegría se mezclaron en cada paso de este recorrido, demostrando que -aunque el tiempo avance- el vínculo con el colegio y sus raíces permanece inalterable.









